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Tres años de avances en la gestión ambiental de Bogotá

 

La gestión ambiental de Bogotá ha avanzado en los tres últimos años. Es un hecho remarcable si se toma en cuenta que la política nacional ambiental ha experimentado un fuerte frenazo, quizá un retroceso, durante la administración del Presidente Álvaro Uribe,  próxima a cumplir año y medio de iniciada. Lo es, porque entre otras cosas, ese avance en la capital de Colombia demuestra las virtudes de la descentralización: el desdén del gobierno nacional por la política ambiental no necesariamente debe traducirse en una actitud equivalente por parte de las diversas entidades territoriales. Una afirmación que adquiere particular validez en aquellas entidades territoriales que, como Bogotá, no dependen para su gestión ambiental de los recursos del presupuesto general de la Nación.  

Durante la Alcaldía de Antanas Mockus que termina se advierte un proceso de consolidación de muchos de los programas ambientales que iniciara el DAMA en el curso de las tres últimas administraciones distritales (las de los alcaldes Castro, Mockus-Bromberg, y Peñalosa), después de la expedición de la Ley 99  1993 de creación del Ministerio del Medio Ambiente y del SINA, mediante la cual aquella entidad  adquirió la condición de autoridad ambiental de la ciudad capital. En efecto, un amplio número de los programas de esta administración se desarrollaron a partir  de todo lo positivo que se venía realizando desde años atrás, un hecho que se puede considerar como una de las más notables características de la orientación impresa al DAMA por parte de  su directora Julia Miranda. Porque, en últimas, la gestión ambiental es un asunto de largo plazo y sólo la continuidad y enriquecimiento de las políticas garantizan un mejoramiento sustantivo en la calidad del ambiente y, por ende, de la vida de los ciudadanos. Es una lección que otras autoridades ambientales del país deberían aprender del DAMA.  

Con el fin de evidenciar la anterior afirmación, no voy a entrar sobre todas y cada una de las realizaciones registradas en el amplio inventario del Informe que entrega la Dirección del DAMA. Pero vale la pena, a modo de ejemplo, subrayar, entre otros, los progresos efectuados en el control del desempeño ambiental de los sectores productivos de mayor impacto; el desarrollo de la VI Fase del programa de seguimiento de los efluentes industriales;  la iniciación de la IV Fase del programa ACERCAR, que propende por la incorporación de la aproximación denominada de producción más limpia como parte integral del “corazón del negocio” de la micro, pequeña y mediana empresa; la realización de nuevos convenios de concertación para una producción más limpia (suscripción con los sectores galvánico y cárnico, y en proceso de elaboración  y concertación de convenios con los representantes gremiales y empresariales de los sectores de artes gráficas, textil, pinturas, hospitales y plazas de mercado); el fortalecimiento del programa de control de emisiones por fuentes móviles y fijas;  la persistencia en el programa de descontaminación de publicidad exterior visual; y el incremento de las acciones dirigidas a controlar el tráfico ilícito de flora y fauna silvestre, iniciado en 1996, con el correspondiente aumento de la capacidad para la recepción de los especimenes procedentes de los decomisos.   

¿En últimas qué impacto han tenido  estos programas? Se puede afirmar que Bogotá es hoy, entre las grandes ciudades de América Latina, la urbe visualmente más limpia, un logro que es el producto de casi una década de afinamiento de la normatividad correspondiente y su puesta en marcha. En forma similar, la disminución de la contaminación hídrica de origen industrial ha sido notable: en general se presenta una reducción de la carga contaminante para la Demanda Bioquímica de Oxigeno (DBO5) entre el periodo 1995 y 2002 del 75,3 %, y para Sólidos Suspendidos Totales (SST) del 66,9 %.  En relación con la calidad del aire se registra una ligera mejoría en materia del material particulado y otros parámetros, una tendencia que, si bien positiva, indica la necesidad de profundizar y ampliar las acciones en ese campo. Son tan sólo tres ilustraciones que resaltan las virtudes y la necesidad imperiosa de la continuidad y fortalecimiento de los programas que intentan afrontar la diversidad de problemas ambientales que caracterizan a una ciudad de la complejidad de Bogotá.  

Los logros  ambientales del sector industrial se comparan favorablemente con lo acontecido en otras urbes de América Latina. No es entonces de extrañar la afirmación que hiciera una alta ejecutiva de una multinacional con operaciones en dieciséis países del continente, en el contexto del Seminario “La Política Ambiental en América Latina”, realizado el pasado mes de Noviembre en Bogotá.  Según ella, el DAMA es la autoridad ambiental urbana más exigente en materia industrial entre aquellas de América Latina que tienen jurisdicción sobre las empresas que opera la multinacional. Una exigencia que, agregó, ha sido además positiva para la rentabilidad del negocio que desarrollan en Bogotá.

Al mismo tiempo que se continuaron y fortalecieron los mencionados programas,  durante los últimos tres años el DAMA ha emprendido nuevas iniciativas claves para el futuro ambiental de Bogotá. Entre ellas se menciona el Programa de Parques Industriales Ecoeficientes, iniciado en el segundo semestre de 2003 con el establecimiento del primer complejo de este tipo en el país el cual tiene como fin ubicar la micro y pequeña empresas de artes gráficas e impresión. Así mismo, el Programa de Excelencia Ambiental del Distrito, PREAD, puesto en marcha, en el año 2001, ha demostrado crecientemente que éste es un excelente mecanismo para incentivar la autogestión voluntaria de la producción más limpia. Este, a similitud de otros programas adelantados por el DAMA,  se arraigan en la aproximación Mockusiana de crear una cultura ciudadana, en este caso la ambiental. Además,  desde mediados de 2002 Bogotá hace parte de la Iniciativa de Aire Limpio de ciudades de Latinoamérica, liderada por el Banco Mundial. Es una Iniciativa que puede llegar a tener un positivo impacto para el Programa de Prevención y Control de la Contaminación Atmosférica en Bogotá, a través de la cooperación técnica y económica, y el intercambio de experiencias y conocimientos con ciudades como México, Sao Paolo, y Santiago de Chile, que tienen mucho que enseñar a nuestra capital en relación con los éxitos y fracasos que han enfrentado al tratar de solucionar los agudos problemas experimentados en materia de contaminación del aire.

Las realizaciones del DAMA no agotan la gestión ambiental de Bogotá, puesto que está dimensión ha ido penetrando paulatinamente algunos de los programas sectoriales de las administraciones distritales de los últimos años, los cuales encontraron también continuidad en la actual administración Mockus. El sustantivo mejoramiento de los espacios públicos y el establecimiento de los sistemas de Transmilenio y de ciclovías, han hecho de Bogotá una vitrina internacional de soluciones social y ambientalmente sostenibles a problemas urbanos críticos. Pero es evidente que todas las realizaciones mencionadas  son apenas el comienzo de un empeño de largo plazo que requerirán su profundización y su complemento con nuevas iniciativas si lo que se pretende es colocar a Bogotá en la senda del desarrollo sostenible. Resulta imperativo afrontar en forma contundente el problema del Río Bogotá, seguir adelante con el programa ciudad región Bogotá Cundinamarca impregnándolo más de la dimensión ambiental, consolidar el proceso del ordenamiento de los cerros orientales iniciado durante esta administración,   hacer del POT uno de los instrumentos fundamentales para la gestión urbana y regional, y seguir generando y poniendo en marcha un conjunto de políticas que, como la recientemente aprobada de la plusvalía, garanticen el acceso a tierras urbanizables y viviendas dignas a los habitantes más pobres de la ciudad, que viven hoy en condiciones insostenibles desde el punto de vista social y ambiental.  

Pero es necesario subrayar que como requisito para alcanzar los anteriores objetivos resulta imperativo fortalecer la capacidad técnica del DAMA, hacer que esta entidad tenga autonomía frente a la Alcaldía,  y dotarle de mayores recursos de inversión. No será factible avanzar todo lo que se requiere en materia del ejercicio de la autoridad ambiental y de la incorporación de lo ambiental en el corazón de la actividad de los diversos sectores  económicos y sociales sin el cumplimiento de estos tres requisitos. Es uno de los muchos retos que tiene ante sí el nuevo Alcalde Lucho Garzón.

Manuel Rodríguez Becerra

 

 

Derechos Reservados de Autor. Manuel Rodríguez Becerra. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización agosto 2016
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