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El nuevo ambientalismo

 

El calentamiento de la Tierra está detonando una rápida transformación de la conciencia pública sobre la gravedad del deterioro ambiental, no solamente como consecuencia de las contundentes evidencias presentadas por la comunidad científica sobre aquel fenómeno. Si hasta hace unos años el calentamiento de la Tierra, como consecuencia de la acción humana, era un tema abstracto y lejano para la ciudadanía, sus dramáticas consecuencias están cambiando esa percepción, como lo atestiguan los recientes impactos de los huracanes, lluvias torrenciales e incendios forestales.

Se está fraguando un nuevo movimiento en pro de la protección ambiental, dinamizado por el imperativo de resolver el fenómeno del calentamiento global, que necesariamente lleva tras de sí una compleja agenda, que incluye, entre otros, el declive de la biodiversidad o la creciente escasez de agua en muchas regiones del globo. Es un movimiento liderado por una constelación de organizaciones de la sociedad civil, algunas iglesias, grandes figuras de los medios de comunicación de masas y del entretenimiento, un pequeño puñado de empresarios y, muy centralmente, por políticos profesionales.

Estamos ya acostumbrados a las permanentes intervenciones en pro de la protección ambiental de líderes políticos como el ex primer ministro Tony Blair, la primera ministra de Alemania y el ex vicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, o de los alcaldes de 15 de las ciudades más grandes del planeta, que, en el pasado mes de mayo, acordaron adelantar la renovación de los viejos edificios de Londres, Nueva York, Tokio y Karachi, entre otras, con miras a disminuir en un 10 por ciento las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

A su vez, líderes de diversas iglesias han comenzado a señalar su compromiso frente a la protección ambiental: el obispo de Londres, Richard Chartres, se comprometió a colaborar en forma decidida a alcanzar la meta establecida por el gobierno británico de reducir las emisiones de bióxido de carbono en un 60 por ciento hacia el 2050, y el papa Benedicto XVI exhortó a quinientos mil jóvenes reunidos en el primer encuentro ecológico juvenil de la Iglesia Católica, reunido el mes pasado en Loreto, a adoptar "un sí definitivo en las decisiones para proteger la creación".

Pero los hechos más contundentes del resurgimiento del ambientalismo se están dando en los Estados Unidos, y no solo se expresan en las más diversas acciones de los ciudadanos y las comunidades, como es el extraordinario aumento de los consumidores de productos verdes, que hoy ascienden a 39 millones, y los cambios de hábitos en materia del consumo de la energía. Así, 11 gobernadores, aliados con un conjunto de ONG, obtuvieron un resonante triunfo el pasado mes de abril, cuando la Corte Suprema de Justicia decidió a su favor la demanda que habían interpuesto dos años atrás contra la interpretación del gobierno Bush sobre la imposibilidad de utilizar la Ley del Aire de 1975 para tomar medidas dirigidas a reducir las emisiones de CO2. La sentencia obliga a la EPA y a los gobiernos estatales a exigir a la industria automoviliaria la fabricación de motores más eficientes en términos de kilómetros por galón de gasolina. Se cuentan también decenas de decisiones de jueces federales que han echado atrás diversas determinaciones del gobierno Bush en materias tales como la protección de la fauna, flora y ecosistemas estratégicos, también como consecuencia de la intervención de las ONG.

En los Estados Unidos está surgiendo así un nuevo ambientalismo, cuyos ecos tendrán un fuerte impacto en las próximas elecciones presidenciales. Si, como en los 60, el país más contaminador del mundo retoma el liderazgo en pro del medio ambiente, hay razones para la esperanza.

Colombia, un país tan católico, apostólico y pronorteamericano, bien podría seguir esa senda, antes de que se lo exijan.

Manuel Rodríguez Becerra
Publicada en El Tiempo. 17 de septiembre de 2007

 

 

Derechos Reservados de Autor. Manuel Rodríguez Becerra. Bogotá, Colombia.
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