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¿Minería en los páramos?

 

La reciente creación del Parque Natural Regional Sisavita, en Santander del Norte, por parte de la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental (Corponor), es un intento para salvar una valiosa área del Páramo de Santurbán, hoy gravemente amenazada por la actividad minera que se propone adelantar la multinacional Greystar Resources Ltd.

En 1995, Corponor, conjuntamente con las comunidades, diversas entidades regionales, y la Unidad de Parques Nacionales de Minambiente, inició un sistemático proceso para conservar las 12.000 hectáreas que conforman Sisavita, en virtud de que constituye una zona ecológica estratégica por su rica biodiversidad, por su cobertura vegetal sui géneris (un claro ejemplo de lo que se denomina como “la esponja de páramo”), por contener un complejo lagunar que cubre aproximadamente 1.000 hectáreas, y por el papel que juega como estrella hidrográfica. Y, hace cinco años, el municipio de Cucutilla declaró a Sisavita como “Área de Especial Significancia Ambiental”, una categoría que restringe su uso a la protección y a la actividad científica.

La declaratoria de este parque natural se enmarca en el imperativo de proteger el complejo de páramos de Santurbán, que, con una extensión aproximada de 180.000 hectáreas, comparten los departamentos de Norte de Santander y Santander. Por fortuna, Corponor, la Corporación Autónoma Regional de Santander, y diversos grupos de la sociedad civil de los dos departamentos parecen tener claro que el futuro de su región está profundamente ligado a la conservación de los páramos, una visión que coincide con la de muchos otros colombianos que consideramos que esta es una de las principales prioridades nacionales. Y que es permanentemente refrendada por los más reconocidos expertos internacionales en materia ambiental, como quedó claro en la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático que tuvo lugar hace un par de meses bajo los auspicios de Minambiente, el Banco Mundial y la revista Dinero.

Pero, penosamente, debemos reconocer que esta es una batalla que estamos perdiendo, como lo ilustra el caso de Sisavita: no obstante su evidente importancia para la región y el país, Ingeominas no tuvo ningún reato para otorgar títulos mineros en 5.905 de sus 12.000 hectáreas con el fin de explorar y explotar oro y plata. De hallarse alguno de estos minerales, asunto que parece bastante probable, y de decidirse adelantar su explotación, se aniquilaría inevitablemente este ecosistema.

¿Será que la declaración de Sisavita como parque natural regional nos salvará de este desastre? Es muy probable que los representantes de la Greystar se encuentren ya alistando sus baterías para desconocer nuevamente la voluntad de Norte de Santander, un propósito para el cual seguramente contarían con el respaldo de dos entidades públicas nacionales: el Ministerio de Minas y Energía e Ingeominas.

Y es que Ingeominas ha entregado títulos mineros en 65.176 hectáreas de páramos, estando en curso solicitudes en otras 402.628 hectáreas, lo que equivale al 36 por ciento del área total de estos ecosistemas en el país. Y, a su vez, Minminas se ha opuesto a incluir en el nuevo Código de Minas, en trámite en el Congreso, la prohibición de la actividad minera en los páramos ante su incompatibilidad con la conservación de estos ecosistemas. Es una prohibición obvia que Minambiente ha tratado de sacar adelante, encontrando una efectiva resistencia por parte de poderosos intereses que parecen desdeñar la seguridad ambiental de todos los colombianos. Y, como es evidente, la salvación del parque de Sisavita y de todos los páramos de Colombia exige la adopción de medidas contundentes, o, de lo contrario, continuaremos perdiendo la más noble de las batallas: proteger las fuentes de agua para las presentes y futuras generaciones.

Manuel Rodríguez Becerra
Publicada en El Tiempo. 18 de agosto de 2008

 

 

Derechos Reservados de Autor. Manuel Rodríguez Becerra. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización agosto 2016
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