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Los 40 años de Corporación Autónoma Regional del Quindío CRQ

 

Al cumplir sus cuarenta años, debemos recordar que la CRQ ha sido una de las autoridades ambientales pioneras del país, conjuntamente con la CVC (1954) y con la CAR (1961): ellas tres abrieron la senda de la gestión ambiental moderna de Colombia a nivel regional. Fueron corporaciones que se crearon con responsabilidades tanto en materia de la planificación y promoción del desarrollo regional, como de la administración y conservación de los recursos naturales y del medio ambiente. Paulatinamente, domo consecuencia del proceso de descentralización del país y del surgimiento de la protección ambiental como una nueva prioridad pública a nivel global y doméstico, estas corporaciones, así como las otras 15 que surgieron entre 1968 y 1992, se fueron especializando en el tema ambiental, un proceso que culminó en 1992, con la expedición de la Ley 99 de 1993.  

La CRQ en el contexto de las políticas ambientales globales y nacionales

Cuando se menciona hoy a la CRQ como una autoridad ambiental que fue fundada en 1964, no debemos olvidar que el ambientalismo sólo comenzó a surgir con fuerza después de la Conferencia de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano, realizada en Estocolmo en 1972. Fue allí en donde los gobiernos del mundo reconocieron la existencia de amenazas ambientales globales que están poniendo en riesgo los soportes mismos de la vida en la tierra,  y acordaron enfrentarlas a partir de una acción conjunta de todos los países. El amplio número de tratados multilaterales y acuerdos globales y regionales conque hoy contamos,   acordados en las tres décadas posteriores, son de alguna manera hijos de Estocolmo. Además, en esa Conferencia se acordó que era necesaria la intervención de los Estados en la gestión ambiental a nivel nacional, al identificar que la contaminación y destrucción de los ecosistemas naturales producida en sus territorios no sólo son los generadores de las amenazas globales sino que están también poniendo en peligro el desarrollo mismo de los países. Colombia respondió a los acuerdos de Estocolmo con la expedición del Código de los Recursos Naturales y del Medio Ambiente (1974), la ley general ambiental pionera en América Latina, y el fortalecimiento del INDERENA (creado en 1968) como autoridad ambiental nacional. El país  inició así su camino hacia la gestión ambiental estatal como hoy la conocemos. 

CRQ ha tenido  entonces que adaptar paulatinamente su quehacer de conformidad a las nuevas visiones, políticas y legislaciones  nacionales sobre el medio ambiente que son en gran parte el reflejo de uno acuerdos intergubernamentales y de las luchas llevadas a cabo por el movimiento de la sociedad civil ambientalista global. Así le tocó también hacerlo cuando Colombia, en respuesta al proceso que culminó en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (1992), consagró en su Constitución más de sesenta artículos sobre medio ambiente y desarrollo sostenible y reformó su institucionalidad ambiental mediante la ley 99 de 1993. En aquella histórica Cumbre, en la cual participó tan activamente nuestro país,  se adoptaron al más alto nivel político  las convenciones de cambio climático, y biodiversidad, y se incorporó la concepción de desarrollo sostenible (Declaración de Río) y un programa para ponerla en marcha (la Agenda 21), cuatro ejes sobre los cuales Colombia ha construido gran parte de su política ambiental.  Fue precisamente la Ley 99 de 1993 la que especializó las 18 CAR existentes en 1992, y con ellas la CRQ, como autoridades ambientales regionales que deben, además, coadyuvar en forma central a la construcción de un desarrollo sostenible.   

La CRQ y la transición de la economía cafetera: grandes retos

La CRQ nació con el departamento del Quindío, una entidad territorial que, conjuntamente con los otros dos departamentos del Antiguo Caldas, son icono de la producción del café y la cultura cafetera de Colombia.  Es entonces una Corporación que ha tenido que adaptarse y reaccionar tanto a las épocas de bonanza como a las épocas de crisis de la actividad cafetera acontecidas en los últimos cuarenta años, con sus consecuentes impactos para el  desarrollo económico y social del departamento, así como para el medio ambiente y el paisaje. Durante la mayor parte de su historia, la CRQ se desarrolló en el entorno de uno de los departamentos más ricos de Colombia, que se reflejó en la alta calidad de vida disfrutada por sus habitantes, en comparación con otras zonas del país. Es una situación que ha cambiado con la crisis del negocio cafetero  enfrentada por Colombia desde mediados de la década de los noventa.  

Cuando la CRQ se creó ya el paisaje del Quindío estaba dominado por el agroecosistema cafetero que se expandió con especial fuerza en la década de los años setenta, cuando el precio del grano alcanzó altas cotizaciones en el mercado internacional. La presión de la  actividad cafetera sobre los recursos hídricos  llevó a que la CRQ se planteara, desde su fundación, la protección de las cuencas hidrográficas de los ríos Quindío, Robles y Navarco, entre otros, mediante el establecimiento de áreas protegidas y de manejo. Así mismo, la condujo al establecimiento de programas basados en la oferta ambiental de la región que, como el de la investigación y promoción del cultivo de la guadua, han prestado a la vez servicios para la protección ambiental, la satisfacción de necesidades básicas y la generación de riqueza empleo. Estas son tan solo dos ilustraciones acerca de la forma  como la CRQ ha buscado responder a las condiciones propias del territorio de su jurisdicción, tal como se documenta en este libro conmemorativo. La capacidad desarrollada por  la CRQ entre 1964 y 1999, encontró el mayor reto de su historia en el papel que debió asumir en el proceso de mitigación de los graves impactos del terremoto ocurrido en este último año a partir de las funciones que le son propias, una situación que enfrentó con solvencia.     

El onomástico de la CRQ coincide con la época de mayor crisis de la actividad cafetera del país y, por ende, del Quindío: la sustantiva reducción de su área cultivada y de sus ingresos, como consecuencia del declive del precio internacional  del grano y  el paulatino desplazamiento de Colombia del mercado por los nuevos países cafeteros del sudeste asiático, que cuentan con ventajas competitivas frente al nuestro que parecen irreductibles. Las secuelas económicas y sociales de esta situación revisten gravedad y plantea singulares retos a una región que se ha caracterizado por su creatividad empresarial y ética del trabajo duro.  Lo que parece claro es que el café nunca más volverá a tener el peso que tuvo para el desarrollo económico y social de la región y del país. Ya Colombia no es un país cuya economía dependa fundamentalmente del café, un producto que nos trajo tantos beneficios económicos y sociales.  

¿Qué ha significado el café desde el punto de vista ambiental, en una región como el Quindío, en la cual, durante la época de la mayor bonanza del grano, se encontraban cafetos hasta en los más recónditos rincones de su territorio? Es un tema que merecería una amplia evaluación con una perspectiva histórica. Es evidente que el café ha traído consigo, como todo monocultivo, unos costos ambientales expresados en particular en el empobrecimiento de los suelos, y el declive de la biodiversidad, así como en la contaminación de las aguas. Pero no debemos olvidar que este paisaje de monocultivo surgió solamente en las últimas décadas de la génesis del cultivo, cuando en el contexto de la revolución verde,  CENICAFE desarrolló variedades de alta productividad, sembradas de cerco a cerco y a pleno sol. Fue una modalidad que reemplazó el cultivo de sombrío, establecido en la zona por más de cien años. Se trataba de un sembradío entreverado en un bosque selectivo que, hasta cierto punto, se podría describir como una sustitución del sotobosque por el cafetal, en un entorno que llegó a estar conformado por parte de la flora y la fauna original y otras especies productivas introducidas. El cafetal de sombrío lo consideramos hoy un ideal ecológico por tratarse de uno de los agroecosistemas con mayor biodiversidad y con menor impacto para el ambiente. Por ello ha retornado a algunos rincones de la región, buscando aprovechar los nuevos nichos de mercados abiertos por los cafés orgánicos, con creciente demanda en el ámbito internacional.  

¿Se podría entonces decir, como lo afirman muchos ambientalistas, que se cometió un error imperdonable al haberse introducido las variedades de alta productividad?  Colombia no tenía otra alternativa, frente a la intensa competencia en el mercado internacional detonado por la revolución verde, así constatemos hoy que las nuevas variedades, comparadas con las de sombrío, han traído costos ambientales -erosión, declive de la biodiversidad, contaminación, desequilibrios hidrológicos, vulnerabilidad a las plagas-, que no han sido pagados ni por el consumidor europeo o norteamericano, ni tampoco por el consumidor colombiano. Sin embargo, el cultivo actual  del café  resulta mucho más amigable para el ambiente que los usos alternativos más tradicionales de las tierras montañosas de Colombia, entre las cuales  la ganadería es la predilecta, y ha constituido un importante eje de la economía del Quindío. Además, como CENICAFE lo ha demostrado, es posible desarrollar y poner en uso tecnologías que prevengan y mitiguen algunos de los daños ambientales originados por el cultivo de las variedades de alta productividad, así como tecnologías para el procesamiento del grano de menor impacto para las aguas. Desafortunadamente los programas de investigación que dieron lugar a esas tecnologías, así como la puesta en marcha de las mismas, se han visto gravemente afectados por la crisis misma del negocio cafetero. Y esa crisis ha determinado que los mayores retos de la región se ubiquen, ahora, en el desarrollo de alternativas de uso de la tierra que sean sostenibles desde la perspectiva ambiental, un campo en el cual la CRQ tiene una tarea que cumplir.  

Ante la crisis cafetera, en el departamento se están explorando y estableciendo nuevas actividades productivas y de servicios, que sirvan para llenar el vacío que está dejando el café. Son notables los esfuerzos que se adelantan en materia de la diversificación agrícola y pecuaria, así como de los proyectos agroecoturísticos que, en muchos sentidos, son ejemplo para el país y que son hoy materia de imitación en el exterior. Tal como se registra en el presente libro, la CRQ está intentando contribuir a la superación de la crisis desde el ámbito mismo de sus competencias en materia de la conservación y uso de los recursos naturales renovables y del medio ambiente. La CRQ tiene ante si un reto formidable, el de contribuir sustantivamente en el diseño y puesta en marcha del nuevo proyecto económico, social y ambiental para el departamento, en el marco del desarrollo sostenible. Es un reto que la CRQ debe estar en capacidad de enfrentar a partir de la rica experiencia ganada durante estos cuarenta años, en asocio con las corporaciones autónomas de Risaralda y Caldas, todas enclavadas en la zona cafetera.  

La CRQ cuarenta años después: su posición en Colombia y América Latina[1]

Para fortuna para el Quindío,  CRQ pertenece hoy  al selecto grupo de las mejores autoridades ambientales de Colombia, si se juzgan por las realizaciones a lo largo de su historia. A ese grupo de excelencia pertenecen también CORNARE, CORANTIOQUIA,  CARDER, CVC, CORPONOR, CORALINA, entre otras. Además, CRQ podría identificarse hoy como una de las autoridades ambientales regionales de América Latina con una más larga experiencia y resultados más relevantes en el contexto de las provincias o departamentos de la región con vocación agrícola.  

Este largo y exitoso curriculum de cuarenta años hay que ubicarlo en el contexto de lo que significa el sistema de corporaciones autónomas regionales de Colombia en el contexto doméstico y latinoamericano. Diversos estudios sobre la gestión ambiental en América Latina, me han permitido conocer que son pocos los países que cuentan con un sistema relativamente bien constituido de autoridades ambientales a nivel subnacional.[2] Colombia cuenta con un sistema de autoridades ambientales regionales relativamente fuerte y descentralizado en comparación con la totalidad de los países de la región. Las CAR  están dotadas de autonomía financiera, patrimonial, administrativa y política, dentro de los límites señalados por la ley, que incluye el acatamiento de  las políticas  y directrices fijadas por el MAVDT como  ente rector de la política nacional ambiental. Este es un modelo singular, no solamente en el ámbito regional sino también con respecto a la descentralización de la administración pública a nivel nacional.  

En contraste con Colombia, los países con organización estatal unitaria cuentan con arreglos institucionales altamente centralizados que ejercen la autoridad ambiental a nivel subnacional a través de seccionales, con frecuencia débiles, que dependen del ministerio del ambiente o su equivalente para la toma de decisiones en un amplio rango de materias. México y Venezuela, no obstante su organización federal, presentan también un alto grado de centralización. Brasil es, entre los países que cuentan con una organización federal, el que tiene un sistema de autoridades regionales más fuerte y descentralizado. 

Sin embargo, hay que reconocer, que el desempeño de las CAR presenta un cuadro muy heterogéneo.  Podemos identificar desde aquellas que adelantan una gestión ambiental eficaz y eficiente y que son ejemplo de buena organización y buenas prácticas en el contexto latinoamericano (ej. CORNARE, CORANTIOQUIA,  CARDER, CVC, CORPONOR, CORALINA, CRQ), hasta aquellas caracterizadas fundamentalmente por  la corrupción, la politiquería y el desgreño administrativo, pasando por otras cuya marcha es satisfactoria más no sobresaliente. Así mismo, y como parte de la heterogeneidad, se identifican CAR bien dotadas de recursos económicos para la gestión ambiental y otras que apenas cuentan con recursos para su supervivencia.  

La relativa independencia de las CAR frente a los entes territoriales, así como la fortaleza técnica de algunas de ellas,  son dos hechos que explicarían porqué en Colombia se han podido poner en marcha instrumentos de gestión de cierta complejidad como las tasas retributivas por vertimientos en los cuerpos de agua, en contraste con la casi totalidad de los países de Latinoamérica (y en general de gran parte de los países en desarrollo) en los cuales ello no ha sido posible en virtud de la poca autonomía y debilidad de sus autoridades ambientales regionales. En forma similar, como resultado de su capacidad técnica las CAR han ejecutado proyectos de cierto alcance como lo ilustra la reforestación protectora de las cuencas hidrográficas que surten a los acueductos municipales que en el período 1994-2002 ascendió a 150.000 hectáreas. Son dos casos que se han traído a guisa de ejemplo, para señalar algunas de las realizaciones de las CAR en su conjunto.  

El actual gobierno ha estado empeñado en introducir correctivos en las corporaciones, un objetivo indispensable si lo que se quiere es consolidar la descentralización en el país. Lo que no pareció muy sensato fue la idea que tuvo, en sus inicios,   de clausurarlas. Es una idea que parece ubicarse en la tradición colombiana, expresada en todos los gobiernos, de desconocer los logros, hacer énfasis en los fracasos y problemas, y considerar que unos y otros se pueden superar mediante reformas de naturaleza legal. Es obvio que se requiere hacer todo lo necesario para transformar las CAR que no lo hacen bien, o lo hacen muy mal,  a partir de las lecciones aprendidas en aquellas corporaciones que, como la CRQ, han mostrado en balance un desempeño satisfactorio.  Y es evidente que siempre existirá campo para mejorar la eficacia y la eficiencia de aquellas corporaciones, que como CRQ, presentan un balance muy positivo. Pero el fortalecimiento institucional no es cuestión del preciosismo legal y tiene que ver fundamentalmente con procesos de creación de conciencia ciudadana sobre la necesidad de exigir a las entidades públicas resultados,  y crear las condiciones para que paulatinamente se vaya consolidando la descentralización, un proceso que por su complejidad tomará muchos años. 

He efectuado estas consideraciones sobre lo que significan las CAR en el contexto de la administración pública tanto en Colombia como en Latinoamérica, por considerar que es indispensable tener una noción clara  del significado y logros de  la CRQ más allá de los confines de los límites político administrativos del departamento. Sin duda la CRQ ha sido en sus cuarenta años de existencia una institución valiosa para el departamento, el país y la región que debemos procurar consolidar aún más, en un momento de transición económica y social del Quindío, y la región cafetera, llena de incertidumbres, interrogantes y grandes oportunidades.   

Manuel Rodríguez Becerra
Mayo de 2004


 

[1] Esta sección ha sido adaptada del artículo: Rodríguez, Manuel. “El Régimen de Protección Ambiental de Colombia”, en Fernando Cepeda Ulloa, Fortalezas de Colombia Bogotá: Editorial Planeta, 2004.

 

[2] a) Rodríguez Becerra, Manuel;  Espinoza, Guillermo. Gestión ambiental en América Latina y el Caribe. Evolución Tendencias y Principales Prácticas. Washington, Banco Interamericano de Desarrollo, Departamento de Desarrollo Sostenible, 2002, 270 pags.  b)

Rodríguez, Manuel; Bucher, Enrique H; Bouille Daniel and Navajas Hugo. Country Capacity Development Needs and Priorities. Regional Report for Latin America and the Caribbean. New York: GEF, UNDP, 2000; b)Participación como consultor en la elaboración del informe: CEPAL-PNUMA. La Sostenibilidad del Desarrollo en América Latina y el Caribe: Desafíos y Oportunidades.  (Publicado también en inglés: The Sustainability of Development in Latin America and the Caribbean: Challenges and Opportunities). Santiago de Chile, CEPAL y PNUMA, 2002; 

 

 

 

 

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Ultima actualización agosto 2016
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